Testimonios
Envócame en el día de la angustia
(por Ruth Elpida Forell-Sasek, 26 años)

Sucedió unas tres semanas antes de mi fecha de parto calculada, cuando Jeremías y yo nos pusimos en camino hacia Alemania para visitar a la familia política, junto con Hanna y el nené Ben de un año. ¡Mi suegro ha cumplido sesenta años, y visitar a la familia encajaba justo antes del nacimiento!
En la autopista charlábamos alegremente cuando, de cerca ante nosotros, un camión se incorporó al carril de adelantamiento, a pesar de que un coche con remolque caravana estuvo a punto de tomarle la delantera. El coche que iba delante de nosotros se estrelló contra la barandilla, dio una vuelta, hasta que la caravana finalmente se estrelló contra el suelo… “¡Jesúcristo, Jesúcristo!”, exclamé abruptamente. Gracias a Dios, Jeremías pudo frenar a tiempo y los coches que venían detrás también reaccionaron rápidamente. ¡Aleluya, ya que no nos vimos involucrados en el accidente, en medio de ese denso tráfico! Jeremías y Hanna bajaron del coche inmediatamente para ver cómo estaban las dos mujeres en el coche. Ambas quedaron, sin heridos, pero estaban completamente en estado de choque, al igual que el conductor del camión. Cuando la conductora se dio cuenta de que detrás de ella iba nuestro coche con un niño pequeño y una mujer muy avanzada en su embarazo, se echó a llorar aún más. Podrían haber pasado muchas cosas… Sin embargo, no chocamos ni con la más mínima astilla. ¡GRACIAS, JESÚCRISTO! Llenos de gratitud, estábamos hablando durante mucho tiempo sobre este suceso. Pasaron unos días. El bebé podría venir en cualquier momento … Adapté mi ritmo diario. Todo transcurría con más tranquilidad que lo habitual ☺. Me dio mucha alegría limpiar el coche junto con mi sobrina Dana. Conduciendo de vuelta a casa, con el coche reluciente, de repente apareció una mujer en la carretera y nos pidió que fuéramos rápido al lado para que pudieran pasar las vacas de la feria ganadera. Nos detuvimos en la acera, justo antes de una curva de carretera, y entonces ya vimos las primeras vacas venir. “Oh, ¿qué está pasando ahí?”, dije cuando una vaca tomó la curva a plena velocidad. El granjero corrió tras ella, agitando su bastón, pero la vaca era demasiado rápida. Cierto que yo estuve parada en la curva, con el coche, y alrededor había vacas. La vaca fugitiva corrió directamente hacia nosotros y ya no tuvo oportunidad de frenar.
Se me cortó el aliento: … “¿Qué está pasando ahora? ¿Va la vaca embestir el parabrisas con sus cuernos o pezuñas?”.
Cuando estuvo apenas dos metros ante nuestro coche, volví a gritar “¡JESÚCRISTO!”. En el último segundo, la vaca saltó lateralmente sobre el capó. Se oyó un fuerte estruendo y el retrovisor lateral se plegó. Después de que todas las vacas pasaran, bajé con el corazón en un puño para evaluar el coche y ver cuántos daños habían quedado. Pero: ¡SIN arañazos, SIN abolladuras, SIN daño! Sólo unas salpicaduras de leche en el capó 😁 … Con las manos temblorosas, pero increíblemente agradecida, conduje los últimos kilómetros a mi casa. Una y otra vez, las imágenes de ambos sucesos pasaban por mi mente. “¡Jesúcristo! ¡Jesúcristo!”. – ¡Cuán grande es Su salvaguardia! Me conmovió profundamente el rescate a tiempo.
Pero, el gran acontecimiento aún estaba por delante: mi primer parto. No sabía lo que me esperaba. ¡Pero, lo que había vivido en las recientes semanas me tranquilizó interiormente! “Invócame en el día de la angustia; Te libraré, y tú me honrarás.” (Salmo 50:15). Cuando comenzaron las contracciones, hacía el mediodía del 7 de octubre, pudimos dar la bienvenida a nuestra primera hijita, Lucy Laelle, aún esa misma noche, a las 20:54 horas., ¡¡¡la gloria estaba perfecta!!! Justo en ese momento, aun exclamé “¡Jesúcristo!”, pidiendo que me ayudase a atravesar la fase más dolorosa del parto, entonces ya teníamos al bebé en brazos y apenas pudimos creerlo:
¡¡¡ Acabamos de ser padres!!! Padres de un ser maravilloso pequeño que sólo puede protegerse si Dios mismo da la protección.
Todos estos acontecimientos me ayudan a superar las dificultades de esta temporada. Da igual en qué miseria estemos encontrándonos, y da igual qué “muro imparable” venga hacia nosotros: Este Dios, al que invocamos día y noche, ¡NO TARDA DE VENIR!
De corazón
Ruth Elpida, con Jeremías y Lucy

Esta canción encaja muy bien en este tipo de situaciones [pulse aquí]
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